miércoles, 30 de septiembre de 2009

Fíjense, no sabía que Xavier Velasco tuviera ideas Schopenhauerianas, ahora lo admiro más...

Salvemos a los símbolos.
Por: Xavier Velasco
El elemento más abundante en la atmósfera, solía decir Frank Zappa, no es el oxígeno, sino la estupidez. Sin duda más volátil que el oxígeno, la estupidez alcanza impunidad gracias a su naturaleza abstracta. No podemos tocarla, ni verla, ni olerla, y sin embargo su presencia es apabullante. Podemos, por supuesto, contradecirla, aunque de esa manera lo único seguro que conseguiremos será radicalizarla, y a partir de ese punto fortalecerla. Por más que quienes creen ser muy inteligentes insistan en menospreciarla —fórmula idónea para darle camuflaje—, la estupidez vive cargada de razones. Y poco importa si tales razones son aún más obtusas que la estupidez misma, pues pasa que esta señorita no precisa de razonamiento alguno para soltarse pariendo razones de toda especie, forma y contrahechura. Una vez que se ha decidido ser abstracto y absurdo para entender un tema lógico y concreto, todas las sinrazones son susceptibles de encarnar en razones. Vale, pues, concretar: ¿qué clase de razones llevan a un grupo de profesionales del derecho a perseguir a un hombre porque escribe un poema contra un símbolo patrio?

No consigo acordarme de una sola línea del poema, y hasta dudo que el mamotreto que leí la semana pasada pueda llamarse realmente poema. Pocos oficios hay tan usurpados como la poesía y la filosofía: basta con que un pelmazo diga un par de palabras complicadas para que la manada lo tache de filósofo, o con que hilvane tres cursilerías gastadas para que se le cuelgue el sambenito de poeta. Por no hablar de aquéllos que encuentran poesía en la filosofía de tal o cual empresa; me cuesta imaginarme a un directivo sumergido en las obras de Schopenhauer para alcanzar la calidad total. ¿Y qué decir del patriotismo corporativo, cuya profunda entraña metafísica nos permite entender la guerra santa entre Coca y Pepsi? No obstante, encuentro más probable un poema contra la Coca-Cola que uno contra los símbolos patrios, puesto que a aquélla al menos puede uno beberla o escupirla, mientras a éstos no es posible otra cosa que ayudar a inventarlos. ¿Herejía? Al diablo con ella. Presentarle batalla a una abstracción no es menos beato —y tal vez lo sea más— que postrarse a venerarla.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Denise lo dijo muy claro

Denise Maerker
Atando cabos
21 de agosto de 2009




Ni un peso más




Ni un peso más en impuestos si no se pone un alto al despilfarro y al abuso del dinero público del que somos testigos impotentes día con día.

Pagar impuestos es una obligación irrenunciable. De acuerdo. Dicho esto, no estoy dispuesta a pagar ni un peso más de impuestos si antes no se pone un límite a la cultura del dispendio que priva entre nuestros gobernantes y funcionarios. Las finanzas del Estado están en serias dificultades: menos producción de petróleo, precio más bajo del barril, menos turismo, menor actividad económica, menor recaudación. Falta dinero y de algún lugar lo van a tener que sacar. Las opciones no son muchas: o se endeudan, o cobran más impuestos, o gastan menos.

¿Pero nos pueden pedir legítimamente más sin un programa draconiano de austeridad? Yo creo que no. Por eso, y antes de que nos anuncien, de a cómo es el golpe, habría que enviarles un mensaje claro y contundente.

Ni un peso más si no se le pone fin a la opacidad con que los gobernadores manejan el dinero público. No puede el gobernador de Guanajuato comprar mil hectáreas a billetazo limpio sin decirnos de qué partida lo sacó y reservase la información durante cinco años.

Ni un peso más si antes no transparentan y controlan la forma en que los diputados se gastan y se reparten el dinero. Basta de acuerdos de la junta de coordinación política en la que se asignan millones a las bancadas. No más turismo legislativo.

Basta de privilegios: que todos los funcionarios y legisladores sean derechohabientes del ISSSTE y si quieren otros seguros médicos que se los paguen con su dinero.

Basta de la complicidad entre políticos que los lleva a llamar traidor al que se comporta con honestidad.

Ni un peso más si la Presidencia y el Ejecutivo no reducen su gasto corriente. No se puede pedir más cuando en Los Pinos se sobregiran año con año respecto a lo presupuestado. Ni un peso más si no desaparecen las secretarías inútiles. Y que se transparenten las millonarias partidas previstas para el festejo del bicentenario.

Estamos en una severa crisis económica, millones de mexicanos angustiosamente buscan la manera de mantener su nivel de vida. Cobrar más impuestos ahora es como hacerlo en tiempos de guerra, la justificación y el discurso tienen que ser inapelables. Y para eso hoy se necesita no un compromiso, sino una demostración de austeridad sin precedentes, un auténtico cambio en la cultura de las élites gobernantes respecto del dinero público, de lo contrario, la evasión y el no pago quedarán plenamente validados y justificados.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El dinero y el Sentido Común

Ja, ja, ja. El dinero y el Sentido Común. Hace apenas unos minutos que se me ocurrió escribir esto y no he dejado de reírme. El sentido común y el dinero, desde mi punto de vista, nada tienen que ver uno con el otro.

A principios de este año, el presidente Calderón inauguró una nueva planta de Jugos del Valle, donde Coca Cola invirtió algo así como 5 mil millones de dólares para remodelar y operar dicha planta. Salió en las noticias algunos fragmentos del discurso de Calderón previo al evento de apertura de la totalmente remodelada fábrica en el Estado de México.

En uno de mis artículos anteriores yo escribí que sería bueno que el gobierno impulsara a la iniciativa privada para aumentar la productividad, eficiencia y en general el bienestar del pueblo mexicano. Bueno, pero ¿a qué costo? 5 mil millones de dólares es una muy buena inversión en México pensando en la actual crisis, pero si nos ponemos a pensar un poco, en dicha presentación no se dijo cómo se iba a recuperar el agua que se va a utilizar en esa fábrica. Tampoco se dijo si parte de esos 5 mil millones de dólares se invertirían en algún tipo de programa de conciencia social para evitar el consumo desmedido del agua, ni mucho menos se dijo si algo de esos recursos se invertiría en alguna planta de tratamiento de agua.

Hoy en día escuchamos sobre el calentamiento global, la contaminación, la escasez de agua, el cambio climático en general producido por el consumo desmedido de los recursos naturales, claro siempre que no haya dinero de por medio, ¿verdad?

5 mil millones de dólares suenan como una cantidad suficientemente intersante como para pasar por alto el pequeño "detalle" del consumo de agua y olvidarnos un poco del calentamiento global. No soy un naturalista, ni apoyo a Greenpeace, ni a ninguna fundación de ese tipo ¡Dios me libre! Sin embargo, debo expresar mi opinión al respecto.

En mi casa, yo debo ahorrar agua (claro cuando hay agua, ¿verdad?), separar la basura, apagar las luces que no estoy usando, evitar las fugas de gas, etc, etc. Pero ¿qué pasaría si yo viviera en una mansión en las Lomas con 50 sirvientes, una hectárea de jardines, 10 habitaciones todas con baño propio, alberca y además, yo tuviera un alto puesto político o una empresa de millones de dólares? La respuesta es NADA. Yo no tendría que ahorrar agua (que además NUNCA faltaría en mi casa), ni separar la basura, ni ahorrar energía, etc, etc. ¿Por qué? Fácil, porque tengo dinero. Así es como funciona el mundo (creo que no estoy diciendo nada nuevo, ja, ja, ja).

Así que si tuviera una empresa dispuesta a invertir 5 mil millones de dólares en una nueva fábrica, hasta el presidente daría una conferencia antes de la inauguración. Si bien es cierto que dicha planta va a generar una demanda derivada y va a generar empleos, ¿realmente necesitamos otra fábrica de bebidas endulzadas?

Adicionalmente, esos 5 mil millones de dólares van a generar una buena ganancia sin duda, pero para la empresa transnacional, porque a los productores locales y a los oferentes de servicios que van a trabajar para dicha fábrica sin mencionar a los empleados, seguro les van a ofrecer precios de miseria por sus productos o servicios y no sólo eso, sino que les van a pagar a 30, 60 ó hasta 90 días, en el caso de los productores.

Yo no sabía que dicha fábrica estaba en remodelación, ni siquiera ví ningún tipo de escasez de jugos o bebidas endulzadas en las tiendas de autoservicio. Repito la pregunta, ¿realmente necesitamos otra fábrica de bebidas endulzadas? ¿Vale la pena quedarnos sin agua? Ojalá que sí.

Así que mientras haya dinero de por medio, el sentido común se va al carajo...

Pueden ver el discurso de Calderón aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=ElsYssLTiEA

jueves, 10 de septiembre de 2009

Sobre la Valentía y el sentido común

La valentía podría resumirse en: uno, estar dispuesto a causar algo, y dos, seguir adelante para lograr el efecto que uno se ha propuesto frente a todas las probabilidades en contra. Resulta que no existe tal cosa como el fracaso. Simplemente no existe.

Por supuesto, la gente quiere estar de acuerdo en que existe algo llamado fracaso, de modo que puedan tener una razón para fracasar y evitar ser causa; eso es otra cosa. Pero en realidad no hay razón alguna para fracasar.

No hay excusa alguna para los fracasos que alguna vez se han dado en cualquier lugar de la historia, excepto esta.... excepto esta: Simplemente algo no se llevó a término ni se impulsó hasta el final.

Es así que, cualquier iniciativa que se lleve a cabo para cambiar algo que está mal en el medio ambiente y que simplemente no tiene éxito se debe a que alguien deja de hacer lo necesario para completar el proyecto.

En lenguaje coloquial lo llamamos "fracaso" de tal suerte que tenemos el pretexto perfecto; fracasamos.

Tomemos como ejemplo la gente que pide limosna en las calles, los limpia parabrisas, payasos, malabaristas, viene-viene, etc. que todos los días aparecen en las calles. ¿Dirían ustedes que son fracasados? ¿Gente indeseable? Apuesto que muchos de ellos ganan más dinero que yo en un día y no se esfuerzan ni la mitad.

Entonces ¿quién es el fracasado? Todos los días pienso en diferentes formas de solucionar mis problemas económicos con mil ideas diferentes para hacer negocios. Durante toda mi vida me esforcé por estudiar y terminar una carrera para poder tener una forma de vida decente, pues resulta que eso no es suficiente para las expectativas de vida que tengo. El limosnero de la esquina gana más que yo.

¿Quién fracasa entonces? Fácil, !yo! y sólo yo. ¿Qué debo hacer? No quiero ser un fracasado. Estudié toda mi vida para acabar en un empleo mediocre donde poco se escuchan mis ideas y donde no gano sufiente dinero para soportar mi forma de vida. ¿Qué hacer?

Alguien diría, pon un negocio. Buena solución sin duda, resulta que se necesita algo de inversión pero sobre todo mucha valentía, es decir, estar dispuesto a causar algo. Más allá del dinero que pueda necesitarse, se debe estar dispuesto a causar algo.

Otros más dirían, busca otro empleo. Es otra muy buena opción. Resulta que el ambiente económico no permite que las empresas ofrezcan empleos con sueldos atractivos, o al menos algo mejor que lo que tengo actualmente. De nuevo, se necesita valentía.

¿Qué dice el sentido común? Pon un negocio, busca otro empleo, sé creativo o todas las anteriores. No es mala idea, lo pondré en práctica.

Sobre el voto y el sentido común

Hablemos de las elecciones (la verdad es que eso de votar no se ve que beneficie mucho al pueblo en los tiempos recientes, más bien, sólo a aquellos directamente involucrados en las elecciones, pero esa es otra historia), en época de elecciones se habla de que hay que votar para que se escuche nuestra voluntad, es decir, emprendamos el proyecto de votar para que podamos cambiar lo que está mal en este país.

No recuerdo a un solo político que viniera a mi casa a preguntarme qué es lo que quiero, así que no entiendo cómo van a escuchar mi voz sólo mediante mi voto. Se supone que yo debo simpatizar con las ideas o proyectos de los diferentes candidatos y votar por el que más me interesa, es así como se "escucha mi voz" muy bien, pero... ¿qué pasa si ninguna idea me parece del todo bien? o ¿qué pasa si de plano no estoy de acuerdo con nadie? El sentido común me dice: "pues no votes".

En primer lugar nadie me preguntó mi opinión, así que ¿cómo puedo estar de acuerdo o simpatizar con ideas políticas que no tienen nada qué ver conmigo?

En estos tiempos eso de no votar parece un crimen. Pero creo que el hecho de no votar también expresa una opinión y es por si misma una forma de expresar las ideas; viva la libertad de expresión, ¿no? Al no votar estoy siendo causa sobre algo, según la ley de Causa y Efecto, en la vida todo efecto tiene una causa ¿ven a qué me refiero? Estoy causando un efecto sobre algo o alguien. En un país libre o en un sistema democrático más o menos bien fundamentado, las personas DEBEN tener derecho a decidir si votan o no y a no ser perseguidos ni criticados por el hecho de no votar; al final del día no votar también es un derecho.

Falta poco para que le arranquen a uno el voto de las manos, y ni hablar de la gente de bajos recursos quienes con la esperanza de mejorar un poco su vida, le dan el voto al mejor postor... bueno, hasta tinacos regalan.

Decidir votar o no votar es por si mismo un derecho. En ambos casos estaría causando un efecto más allá del beneficio o perjuicio que puede producir, así que yo decido no votar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El Sentido Común

Kokens y el Sentido Común es el título de este Blog en el que sólo quiero exponer mis puntos de vista sobre las cosas que pienso que están mal.

Pero quiero empezar por definir qué es el sentido común. Son dos palabras que según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su edición Online se definen como:

sentido común.

1. m. Modo de pensar y proceder tal como lo haría la generalidad de las personas.


Así que yo lo entiendo como un acuerdo general, es decir, la realidad es lo que las personas en general están de acuerdo que la realidad es. Pero para ser un poco más claro, voy a poner un ejemplo. Tomemos un objeto común y corriente, algo que todo mundo conoce; una silla. La mayoría de las personas están de acuerdo en que una silla sirve para sentarse y así es como se usa. Una persona con sentido común no usaría una silla para otro propósito más que para el de sentarse. No la usaría para martillar, ni para abrir una lata; si lo hiciera sería algo loco, ¿no?

Bueno, es un ejemplo burdo, pero la verdad es que las personas no necesariamente utilizan el sentido común de esta forma. Por tonto que parezca, hay gente que hace exactamente lo contrario a lo que dicta el sentido común. Pongamos como ejemplo al Presidente Calderón (ya sé, van a pensar que es algo trillado y que no nos vamos a poner de acuerdo en el tema de la política pero tengo que decirlo), acaba de anunciar que su nuevo paquete económico incluye un aumento en los impuestos del 2% al comprar cualquier producto. Esto, con el fin de aliviar el problema de la pobreza en México.

En los últimos meses no sólo México sino el mundo entero ha sido golpeado fuertemente por el tema de la crisis económica y el tema del virus de la influenza entre otras cosas. Gracias a eso la gente gana menos, hace un esfuerzo mayor para conseguir un empleo donde además, recibe un sueldo de miseria.

Ahora, veamos las estrategias del gobierno, pero antes de hablar de estrategias, debo decir que no soy especialista, sólo soy un tipo común que utiliza su Sentido Común debido a que es lo único que puede hacer ante la impotencia que la crisis le produce. En fin, ¿Qué es lo que hace el gobierno para salir de la crisis? Aumentar los impuestos.

Me gustaría escuchar que el gobierno hace estrategias para estimular el comercio, la producción, crear nuevas empresas más modernas y eficientes, abrir fronteras y exportar productos mexicanos en lugar de aumentar los impuestos. El aumento del 2% es, desde mi punto de vista, la salida fácil; es lo que menos esfuerzo requiere. Sería más difícil apoyar la producción, aumentar la eficiencia, eliminar la corrupción y apoyar a la clase media (a la cual yo pertenezco, por cierto) para que pongan un negocio, para que generen empleos y que con los esquemas de impuestos que ya existen se pueda disminuir la pobreza extrema en México.

Ahora vamos a pagar impuestos hasta por usar internet. ¡Claro, y los estudiantes que se jodan! En lugar de estimular el uso del internet para aumentar la eficiencia en los sistemas educativos, producir profesionales de más alto nivel y llevar algo de cultura a la gente más pobre, tendremos que pagar impuestos por usar internet.

Claro, seguro alguien dirá... "Calderón está implementando muchos programas para mejorar la educación y de desarrollo social, ya no se venden las plazas de maestros, blah, blah, blah"... La realidad es que son programas poco eficientes aunque tengan las mejores intenciones.

Tal vez me equivoco, pero el sentido común me dice que debería ser lo contrario, en lugar de aumentar los impuestos, se debe estimular la productividad, eliminar los trámites burocráticos y la corrupción para que la gente común pueda implementar negocios exitosos que produzcan empleos o que tengan acceso a mejores empleos con mejores sueldos y prestaciones, con el fin de ayudar a aliviar la pobreza extrema y que, además, el pueblo en general tenga mejores oportunidades. De otra forma, sólo se engordan los bolsillos de los políticos corruptos.